Gobierno abierto como una estrategia de marketing y publicidad
18/07/2014 09:00

Hoy las políticas llamadas de gobierno abierto no son más que la publicación de información y datos de manera pública en Internet, que la gran mayoría de la ciudadanía es incapaz de entender e interpretar. Hoy gobierno abierto es open data (y para unos pocos entendidos).


El concepto de gobierno Abierto en la era actual se encuentra directamente vinculado al uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), luego del Memorando sobre Transparencia y Gobierno Abierto que publicara el gobierno de Barack Obama en enero de 2009. A partir de ese momento, y con los pilares, principios y valores de Transparencia, Colaboración y Participación, se produjo una ola invasiva de políticas de gobierno abierto en diversas partes del mundo, principalmente en Estados Unidos.

En Argentina no tardó en llegar esta nueva moda de invadir toda política que se precie de moderna e innovadora con el concepto de “gobierno abierto”, y tomaron la delantera las ciudades de Buenos Aires y Bahía Blanca, donde existen áreas específicas de gobierno abierto en las administraciones locales, aunque otros municipios y gobiernos implementan acciones de apertura e innovación tecnológica, sin denominarse como tal.

Uno de los ejes fundamentales del “Open Government” es la transparencia, pero parece que estas nuevas áreas de gobierno y estas experiencias actuales entienden la transparencia como sinónimo de “Datos Abiertos”, que no es otra cosa que hacer pública información con la que cuentan los gobiernos. Así es que el “Open Data” es presentado como el paladín de la transparencia en los gobiernos, porque cualquier ciudadano, a través de internet, tiene acceso directo a los datos del gobierno.

Pero qué sucede cuando nos preguntamos a qué datos tenemos acceso, en qué formato y cómo se presentan. Nos encontramos con que las políticas de gobierno abierto no se sustentan más que en la voluntad política de quien gobierna, ya que no existe en nuestro país ninguna ley que regule qué datos y de qué manera deben hacerse públicos, por lo que la publicación de la información queda sujeta al criterio político del gobernante de turno y al mayor o menor grado de democratización al que aspire quien conduce los destinos del gobierno en un momento determinado.

Por otro lado, la interpretación de los datos, debe necesariamente darse por quienes tengan la capacidad y preparación para leer tablas, celdas, hojas, y miles de datos y números que son inentendibles a primera vista y necesitan de alguien que sea capaz de interpretarlos, reordenarlos y mostrarlos de manera más amigable y simpática para el público masivo. Caso contrario, como sucede en la actualidad, sólo son capaces de utilizar los datos abiertos aquellas personas expertas y conocedoras de lenguajes de programación, sistemas, etc.

Por ejemplo, si entramos a la web de gobierno abierto de Bahía Blanca lo primero que encontramos son noticias generales sobre el área y sus funcionarios, y las “10 ideas para conectarnos mejor”, pero no encontramos de manera visible, amigable y llamativa ningún tipo de dato, ni llamado a la participación ciudadana ni a la colaboración.

Luego, si seguimos mirando y buscando, podemos encontrar un acceso a las Compras del Municipio y a otro tipo de información, que tienen un grado de complejidad que hace que una gran mayoría de los ciudadanos no entiendan ni puedan utilizar dicha información, salvo que sea interpretada por otro. Toda la apertura de datos y transparencia es información cruda de tablas y más tablas y más tablas, números, nombres, sistemas de buscadores complicados que no siempre funcionan, y otras formas de comunicación que en realidad podríamos llamar la anticomunicación personificada.

El gobierno abierto nació con un espíritu transparente y participativo, pero las trabas y barreras que ponen los gobiernos para que el ciudadano no llegue rápida y prolijamente a la información, nos hacen preguntarnos si en realidad las políticas de gobierno abierto implementadas no tiene otra función que la de ser difundidas como nuevas e innovadoras formas de gestión, y que en realidad son maquillajes para no abrir los gobiernos ni la toma de decisiones a la participación de la ciudadanía.

Lo mismo sucede cuando hablamos de participación y colaboración. La participación está pretendidamente dada en sistemas de formularios y celdas que brindan a los ciudadanos la posibilidad de consultar y/o proponer libremente opiniones, proyectos, acciones, a sabiendas de que este tipo de participación no es efectivo, ni atractivo, y ni siquiera útil para el gobierno ni para la ciudadanía. Asimismo, la colaboración es entendida por un lado en términos de colaboración entre las distintas áreas internas de gobierno, y por otro lado se da por convocatorias a programadores y especialistas en generación de aplicaciones que sirvan a los ciudadanos a través de la utilización de los datos que fueron abiertos.

Estas primeras experiencias en el mundo de la utilización de la tecnología en políticas de gobierno dejan mucho que desear. Hoy los ciudadanos utilizamos internet y las tics de una manera innovadora para nuestras vidas. Es tiempo de tomar la decisión política de integrar definitivamente las Tics a los gobiernos para consolidar sistemas democráticos participativos, colaborativos y abiertos, en serio.

Con hackatones, seminarios de gobierno abierto, aplicaciones para celulares y páginas webs llenas de tablas y datos inentendibles para la mayoría, no estamos haciendo más que acciones de marketing y publicidad, utilizando conceptos tan interesantes como son gobierno abierto, participación, colaboración y transparencia.

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*Columna de opinión escrita para Punto Gov (http://www.puntogov.com/gobierno-abierto-como-una-estrategia-de-marketing-y-publicidad/)

 
http://www.epolitica.net/noticia.php?tipo_id=1&id=230